Goya empezó a pintar retratos y obras religiosas que le dieron un gran prestigio, hasta el punto de que en 1785 ingresó en la Academia de San Fernando y en 1789 fue nombrado pintor de corte por Carlos IV.
Tras la caída de Bonaparte y la restauración de Fernando VII cayó en una desgracia por lo que para 1815 se retiró de la vida pública.
En 1819 volvió a caer preso de una enfermedad que había padecido en en 1792, la cual lo había dejado completamente sordo.
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